Yo soy la puta
Durante un tiempo, demasiado largo para poder hacer cuentas, fui la puta. La puta con manos coladores que no guarda para sí más que la dolorosa consecución de las historias ajenas, la que escucha las palabras de amor que nunca serán para ella y se da la vuelta la piel para poder seguir creyendo en él, esa gran mentira adolescente.
Pensaba que cada herida curada sería el comienzo de un camino compartido, cada sonrisa o caricia, una redención. Y realmente no me equivocaba, pero la pequeña salvedad es que puse en manos ajenas los corazones que yo iba zurciendo a mi medida. Y siempre fui testigo absorto y despellejado de aquellos pases de modelos desaforados, por mucho que intentara cerrar los ojos.
Nunca pude caminar a ciegas y, sin embargo, muchas veces ponía los pies sobre baldosas oscilantes que me comían los tobillos.
Y cada vez que caía me sentía más fuerte y más sabia.
Ahora tiemblo de miedo cada vez que oigo el nombre de las otras, y, aunque sigo siendo la puta, intento zurcir tallas estándar y no hacerme a la idea de que este corazón será para mí. Y es bien cierto que estaré equivocada, porque hay un fino hilo que resiste una y otra vez las acometidas del tiempo.
Pero he sido la puta, y las putas nunca olvidan.

..Me encanto esta entrada ..te felicito, muy a doc además con el género
Un Beso