Desandar lo andado
Durante mucho tiempo estuve esperando que se tumbaran sobre mí y me dejaran llena, pero nunca tuve la sensación de que se llevaran nada. Simplemente venían y dejaban más de lo que había y, cuando llegaba la hora de la caricia, marchaban sin usurpar, sin botín, sin alforjas para el largo viaje de vuelta a las vidas a las que yo nunca pertenecería.
En cierto modo, durante esa época, me dedicaba a coleccionar semen, a establecer un catálogo de pesos, de relaciones entre cuerpos y gravitación horizontal y vertical que al fin simplemente dejaron una herida que permanentemente se abre y se cierra a su antojo, supurando todas las noches y los días en que creía saber mucho sobre la nada, y, especialmente, sobre el sexo.
Ahora, a veces, mi propia ignorancia me enmudece, y sé que tengo que aprender a no tener miedo de mi vacío.
La primera vez que él abandonó mi casa, se me encogió la vagina. En algún momento mi cuerpo tuvo que gritar, ya que yo nunca he sabido cerrar la puerta a nadie, pero un grito no es más que el comienzo.
Hoy hace exactamente tres años que sé lo que significa, y, aunque nunca me gustaron los aniversarios, creo que ha llegado la hora de coserme la herida que me hicieron.
Tengo 29 años y el vientre lleno de buenos presagios. Estoy abierta como un animal en el matadero.

Excelente autoanalisis, libre de tapujos, real y veridico,como es la vida despues de todo.- el sexo no lo es todo, pero es fundamental en la etapa mas gloriosa de nuestra vida, en la etapa de la formicacion sin barrera, sin limites… lapsos gloriosos, supremos, excelsos que casi todos solemos pasar, salvo raras excepciones (nunca falta un pelotudo)